ESPACIO E INTIMIDAD
En base a una posición psicológica se puede decir que la intimidad es la facultad implícita de poder exponernos tal cual y como somos al otro, despojados de nuestras inhibiciones y pudores para revelar lo culto, lo doloroso, lo que quieres que nadie sepa.
En 1998 la
joven artista Tracey Emin expone su obra de instalación ready-made: My
Bed (mi cama), el resultado de unos tiempos muy duros. Después de una
relación fallida, en 1998, Tracey Emin atravesó una fuerte depresión,
que
acompañó con borracheras continuadas y relaciones sexuales imposibles de
recordar al día siguiente. Esta vía autodestructiva llegó al paroxismo
una
noche. La resaca era tan intensa que pensó: “Si no bebo agua me moriré”.
Lo
cuenta en el periódico The Telegraph, Colin Gleadell, periodista y amigo
de
Emin. Tambaleando recorrió el camino de vuelta desde la cocina y miró
sorprendida a la cama: “¡Puaggg!”, pensó. “Es asqueroso. Pero de
repente, un
segundo después de que me pareciera horrible, se transformó en algo que
procedía de mi interior, algo hermoso”.
La intimidad cae también en espacios más allá del hogar y las cuatro paredes, cae también en lugares que uno hizo íntimos y propios con el paso del tiempo.






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